jueves, 13 de marzo de 2008

martes, 11 de marzo de 2008

Uso de medios audiovisuales en la escuela

a) El autor dice, en varias oportunidades, que la escuela se resiste a la entrada de los medios, y que lo que prevalece es una actitud defensiva y crítica, a lo sumo desmitificadora. ¿Qué piensan de esto? Busquen ejemplos cotidianos sobre la actitud de la escuela frente a los medios.

Citando textualmente, el autor dice al respecto: “El abandono de esta posición defensiva de la escuela frente a la televisión nos permitirá una segunda operación: reconocer que la televisión no solamente conlleva algún tipo de conocimiento, sino que también pone en juego valores estéticos propios y que ha sabido crear y recrear los géneros clásicos consagrados por la cultura letrada. Entonces una pedagogía de la imagen debe hacer el esfuerzo por centrar la atención en todos estos fenómenos y formar jóvenes con espíritu crítico –y no de exclusión– frente a los medios electrónicos. Esto supone que el rol de la escuela y de la acción educativa en general no es solamente la de “desmitificar” los mecanismos de la seducción televisiva (¿acaso alguna vez se acompañó la enseñanza de la lectoescritura con una desmitificación del libro?) sino de introducirnos en la comprensión de sus reglas.”

Lo que pensamos luego de la lectura:

Si analizamos exhaustivamente las palabras del autor, estamos de acuerdo en que debemos formar jóvenes con espíritu crítico, enseñando a analizar la imagen y la información televisiva. Ahora bien... no es casual la resistencia de la escuela. Volviendo a citar al autor, este dice: “Pero volvamos a la televisión y a una pregunta central: ¿cuáles son las críticas que más frecuentemente se le hacen? En general podríamos señalar: su falta de profundidad y seriedad en los temas que trata; el exceso de violencia; la baja calidad de los textos y las historias características de la televisión: la comedia, el melodrama y el policial; la imposibilidad de salir de las reglas del espectáculo cuando se trata de programas de esparcimiento; el bajísimo nivel de lenguaje que utilizan los hombres de la televisión y el poco esfuerzo que supone el consumo y decodificación de imágenes. Frente a esto, la acción educativa de la escuela se presentó siempre como un esfuerzo colectivo de largo plazo, con un escalonamiento en la adquisición de saberes y con la planificación que implica todo proceso de aprendizaje; la necesidad de la lectura como centro del conocimiento; la importancia de profundizar en la historia y la herencia cultural de una nación y, finalmente, la asociación que existe entre educación y ciudadanía, perfeccionamiento moral y buenas costumbres sociales. Por el contrario, la televisión es acusada de superficial, inmediata y de fácil consumo, banal, menospreciadora de los valores morales y, en el límite, capaz de poner en juego los valores esenciales de la comunidad.
Colocados del lado del sistema escolar, podríamos decir que una hipótesis de esta época se formularía así: la disminución de las habilidades de la lectoescritura en los chicos es directamente proporcional al número de horas que miran televisión. Y es probable que alguna verdad encierre este enunciado. Pero una hipótesis contraria también es válida: el retraso en el aprendizaje en los niños de las reglas de producción y decodificación de imágenes es directamente proporcional al tiempo que tarde la escuela en hacerse cargo de los nuevos lenguajes audiovisuales. La cultura electrónica de este fin de siglo se aleja cada vez más de las condiciones en las cuales nació y se desarrolló la cultura del libro. De allí que el diálogo y el acercamiento entre estos dos universos sea absolutamente necesario.”

Entonces creemos que la clave está en aprender a seleccionar qué ver de la televisión, brindando los saberes necesarios para que puedan elegir inteligentemente, analizando al mismo tiempo todo su contenido, es decir, no solo lo que el programa nos quiere mostrar, sino lo que el televidente debe saber para poder pensar y elegir libremente y formar así su propia opinión de lo que ve.

Ejemplos cotidianos de la actitud de la escuela frente a los medios:

§ Para empezar, si bien en las escuelas hay televisión, no en todas ellas ésta funciona. En muchas escuelas, no se cuenta con un espacio físico específico (como un aula de medios audiovisuales), donde los docentes y alumnos puedan sentarse cómodamente a mirar televisión.
§ Por otra parte, las escuelas no cuentan con la conexión de video cable, lo que deja a la elección exclusiva del docente, qué ver en programas grabados.
§ Siguiendo con la lista de carencias, un ejemplo específico de esto es el siguiente: en la escuela Nº 25 de nuestra ciudad, se debía solicitar por escrito con una semana de anticipación, el televisor y la video para llevar al aula... pero no en todas las aulas había enchufes que funcionaran, dónde pudiéramos conectar el televisor y la video a la corriente eléctrica. A esto se le agrega, que para que todos pudieran ver sentados en sus sillas, debíamos subir una mesa al escritorio, y el televisor sobre esa mesa, lo que se transformaba en un riesgo importante, ya que en esa tarea, se nos podía caer el televisor o si accidentalmente uno de los chicos golpeaba el escritorio, la mesa se tambaleaba y el televisor podía caerse sobre el niño, (lo que sería aún peor).
§ Pero aún, si estas carencias y cuestiones físicas y burocráticas no existieran, existe el abismo informativo entre nuestros jóvenes televidentes, la realidad que viven y la situación mundial. Por ejemplo: en la actualidad se habla de la situación en Colombia, de su conflicto entre las FARC, los paramilitares y el gobierno colombiano. Pues bien... para nuestros niños es lo mismo un militar que un guerrillero, porque el hecho de que porten un arma los convierte en alguien distinto al ciudadano común. Al desconocer la situación internacional, lo único que toman de la imagen es la sensación de poder que les produciría a ellos tener un arma semejante entre sus manos, sin tener en cuenta los desagradables acontecimientos que esta situación produce a la humanidad.
Sin embargo, aunque conozcan la importancia de la paz, el exceso de violencia en las imágenes que perciben de la televisión, de alguna manera hace que trasladen ese sentimiento a su realidad, y lo expresan en los juegos que realizan, los programas de televisión que eligen para ver y compartir y no se interesan en la verdadera historia de lo que están viendo.
Esto hace que la elección que debe hacer la escuela, se recorte en gran medida, ya que si les mostramos a los chicos imágenes de la guerrilla, de niños armados, de los muertos en enfrentamientos, aunque les expliquemos y los informemos al respecto, el niño se quedará con lo que más lo impactará: LA IMAGEN y descartará la información; sin contar que algunos padres pueden quejarse de lo que se le muestre al niño, aunque éste vea lo mismo en su casa.


b) Quevedo instala una pregunta: ¿la televisión supone algún tipo de producción cultural (que las instituciones educativas puedan rescatar e incorporar en sus planes de estudio) o no?
Debatan esta pregunta en grupos y argumenten las alternativas a favor y en contra. (Presten especial atención a lo que el autor llama la “televisión realmente existente”.)

Para comenzar, vamos a citar textualmente lo que dice el autor al respecto: “Pero, ¿cuál ha sido la reacción de la escuela frente a este fenómeno? Ante todo, lo que podemos constatar es una reserva por parte de los docentes, cuando no una oposición más marcada, a aceptar el giro cultural de esta época que se centra en la imagen y que nos obliga a reconocer en la televisión algún tipo de fenómeno cultural significativo para la formación de los jóvenes. Claro está, nos referimos a la televisión realmente existente, no a los segmentos que, de alguna manera, siguen los patrones audiovisuales aceptados por el sistema escolar, como el documental, el informativo o la televisión educativa. Probablemente esta reserva por parte de los docentes –aunque no de todos– tenga su origen en las dificultades que entraña la cultura de la imagen y en los problemas que hoy tenemos para detectar y definir con exactitud el modo de acción e influencia de la televisión en los niños. Todos los docentes saben que, en los tiempos que corren, la seducción que ejercen los medios audiovisuales es infinitamente mayor que la seducción que ejerce la cultura letrada; pero esta pérdida que ha sufrido la escuela en su capacidad para atrapar a los alumnos no se ha traducido en la búsqueda de nuevas estrategias pedagógicas sino más bien en una expulsión del objeto indeseado del aula: el aparato de televisión.”

No creemos que los docentes no aceptemos los giros culturales, si no por el contrario... sabemos que la televisión es formador y producto a la vez de la cultura del consumo y de la información. Pero no desconocemos la posibilidad limitada que tiene el televidente, para poder efectuar un análisis exhaustivo de lo que ve, de lo que le están mostrando y de la ignorancia del contexto de la imagen, que el televidente no puede ver, pero que debe conocer. Así mismo, el consumo masivo de programas de espectáculos, telenovelas extranjeras, programas de ficción, etc. Son muy difíciles (cuando no imposibles) de consumir dentro del ámbito escolar, ya que por ejemplo es muy frecuente encontrar escenas de desnudos, de sexo y de violencia en cada uno de estos.
Por eso es que los docentes, adoptamos aquellos programas que tienen menor consumo, pero mayor seguridad para lo que se quiere mostrar, como son las documentales (no todas), los programas educativos o las películas infantiles (en las que son socialmente más aceptadas para ser transmitidas en la escuela). Haciendo referencia a esto último, si por ejemplo queremos hacer un recorrido por el barrio, hoy es muy común encontrar un transexual en cualquier parte, pero si le mostramos a un transexual en un informativo o en un reality, para analizar si tienen o no los mismos derechos que todos los ciudadanos, probablemente tengamos alguna queja de algunos padres, que pueden poner en peligro nuestro desempeño como docentes, pero si por el contrario, les proyectamos la película infantil Shreck, en dónde aparece un travesti atendiendo un bar, donde Robín Hood es homosexual y el gato con botas es un pervertido, todo esto pasará desapercibido, por estar dentro de una película infantil.
Ante la pregunta que el autor realiza, pensamos que la escuela reacciona como puede, ya que lo que se espera de ella socialmente, es totalmente opuesto a lo que se espera de la televisión. Por lo tanto, tomando en cuenta lo que el autor llama “televisión realmente existente” podemos decir que lo que nos queda a los docentes es hacer lo mismo que hace la televisión con la realidad: recortar una parte para mostrarla y analizarla, respetando los cánones esperados por la sociedad y por nuestro público, agregando los contenidos y saberes necesarios para transformar este medio en una herramienta cultural.
Vale citar aquí, algunas palabras del autor: “En este sentido, podemos decir que la televisión desvirtúa toda autenticidad y tiene más bien su eje en el artificio, y coloca al goce en el centro de la escena desarrollando, con gran eficacia, sus estrategias de seducción. La televisión seduce sin fundarse ni demostrarse; es decir, no está bajo las reglas de la razón, ni de la verdad, sino que tiene su propio régimen de verdad: como todo poder moderno –en el sentido de la modernidad– constituye sus propias reglas de legitimidad.”

c) A lo largo del texto, el autor caracteriza la lógica escolar y la lógica de los medios de comunicación.
Les proponemos sistematizar su planteo en un cuadro de dos columnas, que facilitará visualizar las diferencias de ambas lógicas. Incluyan en el cuadro la percepción del tiempo y del espacio, la manera de concebir el conocimiento y el aprendizaje, el lugar del esfuerzo, del disfrute, y todos aquellos ítem que consideren relevantes. Una vez realizado el cuadro, debatan sobre las tensiones entre ambas lógicas, y vean la posibilidad de generar articulaciones.


La lógica escolar
La lógica de los medios de comunicación
Percepción del tiempo y del espacio.
Es sistematizada. Respeta una cronología de los hechos, de edades de los alumnos, de las etapas del aprendizaje. Se basa en la triada pedagógica.
No tiene una sistematización. Su objetivo es efectuar el impacto visual y captar la atención del público elegido, por medio de imágenes que solo muestran una parte de un todo.
La manera de concebir el conocimiento y el aprendizaje.
El aprendizaje es el eje central para la escuela. Le da preponderancia a lo que ocurre en el seno familiar y los espacios culturales que rodean a los individuos. La educación se produce en el seno familiar y la instrucción en las aulas. El aprendizaje durante toda la vida.
Se basan en imágenes e informaciones breves de alto impacto. Son formadores de opinión pública. El televidente solo aprende lo que ellos muestran. La educación es mediática, sin tener un espacio físico establecido.
El lugar del esfuerzo.
En la escuela se premia al esfuerzo.
Es ignorado por los medios.
El lugar del disfrute.
Se intenta que los chicos aprendan y disfruten al mismo tiempo.
Es el objetivo preponderante para los medios de comunicación.

Nuestra hipótesis coincide con la del autor: “consiste justamente en afirmar que el corpus de prácticas culturales en el que se desarrolla la socialización de la mayoría de los niños y los jóvenes está vinculado a las industrias culturales y en particular a los medios masivos de la comunicación, y que todas estas prácticas son, en un sentido u otro, cuestionadoras del espacio escolar.
Dichas prácticas se asientan en principios que se forjaron fuera del ámbito escolar y que se asientan en la aceleración (como las ha descripto Paul Virilio en varios de sus trabajos), las lógicas complejas, la descentralización, los fenómenos de descorporización (pérdida de los referentes espaciales constituidos en la modernidad) y los mecanismos sociales de seducción. Todos estos principios moldean las prácticas sociales de este fin de siglo y no solamente no son aliados del sistema educativo sino que lo interpelan e interrogan.”
También dice: “La institución escolar debe enfrentar, entonces, los problemas que se derivan de la necesidad de articular dos lenguajes y dos modos de aprendizaje diferentes: por un lado, aquel que es propio de la tradición escolar y está basado en la lectura, el estudio y el avance de lo simple a lo complejo que supone un trabajo lineal y ordenado; por el otro, el lenguaje de los medios de comunicación y de la informática, que implica la adquisición de un “conocimiento en mosaico”, caracterizado por los montajes temporales y la fragmentación, por el hipertexto que implica un nuevo modo de leer, por la mezcla de información y ficción y por la superposición de géneros estéticos. En este sentido, el catalán Joan Ferrés (1998) en su libro dedicado a analizar los vínculos entre la televisión y la educación, señaló: “Mientras la cultura tradicional era limitada en conocimientos, pero organizada, coherente, estructurada, la cultura mosaico se caracteriza por el desorden, la dispersión, el caos aleatorio.” Así es la estructura narrativa de la televisión, pero también la de casi todos los medios de comunicación con los que se relacionan cotidianamente los jóvenes.”

d) El texto distingue entre la incorporación de los medios como contenidos (focalizando en los mensajes) y como lenguaje (focalizando en sus reglas, formatos, modos de decir y transmitir). Reflexionen sobre las diferencias entre estos dos tipos de incorporaciones y sus implicancias.

Citando textualmente lo que escribe el autor al respecto:

“A fines del siglo XIX, la escuela pública argentina se caracterizaba por una dinámica y una capacidad de innovación que la sociedad no tenía. El maestro, la escuela y los métodos de enseñanza eran los símbolos más claros de la modernidad. Modernizar el país era expandir la escuela. Hoy la escuela en muchos casos se ha encerrado sobre sí misma. La sociedad se transforma más rápidamente que ella y, en muchos puntos, contra ella. Y este desencuentro no es solamente (ni principalmente] de contenidos, sino que involucra de manera integral a la institución escolar y a las nuevas instituciones de la cultura mediática y digital. Aguaded y Contín (2002) sostienen al respecto: “La escuela y los medios de información de masas son dos ámbitos privilegiados del discurso, pero ambos mantienen una diferencia fundamental: el primero, en una tendencia tradicional y casi universal trabaja con públicos “cautivos” sujetos casi exclusivamente a una pedagogía transmisora y reproductora que intenta perpetuar un sistema endogámico de supervivencia a través del logro de eventos circunstanciales que son denominados, genéricamente, títulos. Los medios, en cambio, distribuyen sus voces de manera abierta, cautivando al público, con un sistema en plena expansión que tiene todo a su favor, desde la tecnología novedosa a los intereses mercantiles de los grupos poderosos”.” (...)

“Pero también debemos saber que al ingresar al espacio televisivo se nos presentarán problemas nuevos ya que el consumo de este medio está ligado no sólo a la recepción de “contenidos” (mensajes, en el sentido más clásico) sino que se liga a las formas del goce contemporáneo, a la producción y experimentación con imágenes y a las experiencias estéticas basadas en la velocidad y en la fragmentación. Además, la televisión es en algún sentido la cumbre de la mediatización y, por lo tanto, de una de una sociedad hiper representada, porque está en un lugar central del poder contemporáneo y de las estrategias políticas de poder.”

También dice: “Como lo ha señalado Giovanni Bechelloni (1990), la televisión constituye un lenguaje materno-natural incorporado a nuestras sociedades: los niños nacen con la televisión encendida en el hogar, en el espacio público, en las instituciones que transitan y en todos los ámbitos de su vida cotidiana. En este sentido tiene una gramática y una sintaxis propia que debemos desentrañar.
• La televisión es un lugar (nuevo) donde se naturaliza la sociedad. En este sentido, debemos analizar también el “efecto de ideología” que produce este medio.
• El consumo de la televisión la redefine como objeto. Esto quiere decir que debemos entender el modo social de apropiación de la televisión y el modo en el que los diferentes públicos la usan. Mientras que el cine o el teatro interrumpen una situación cotidiana, son discontinuos ante los acontecimientos (justamente, porque se presentan como extraordinarios) y además tienen poderosos dispositivos de consumo (la butaca), la televisión se presenta como un objeto que se redefine en los mecanismos de apropiación.”
Por último explica: “Un último principio podría enunciarse así: admitir que la comunicación televisiva nos pone en presencia de nuevas formas de aculturación que modifican las situaciones escolares. Parecería que, en su gran mayoría, los maestros no ven a la televisión como un hecho susceptible de modificar las situaciones escolares. Esto podría explicarse por el hecho de que la utilización actual de los mensajes televisivos se hace en beneficio de un discurso, que es el de la escuela, y el sentido de la comunicación que ella instaura.
Para concluir, podríamos decir que acompañar a los niños y a los jóvenes en estos nuevos vínculos con las NTIC, los transformaría no solamente en receptores activos frente a los medios sino en productores y recreadores de los sentidos que allí transitan. Las nuevas tecnologías despiertan en los jóvenes un interés no solamente en el terreno del consumo sino en sus potencialidades productivas y este sentido está siempre un paso delante de la escuela. Por eso, la escuela debería reencontrarse con su rol innovador en materia cultural integrando en su seno a las NTIC en la lógica y en los formatos realmente existentes para luego reutilizarlos, cambiarlos, recrearlos y volverse productora de nuevos fines y contenidos.”

Nuestra reflexión:


Nuestros niños están inmersos en la cultura de la imagen, cuya particularidad central es la de brindar al tele espectador la información procesada, lista para ser “asimilada”. Para ello, utiliza reglas, formatos, modos de decir y de transmitir que le son propios, utilizando como elemento fundamental, un lenguaje común al de todos, pero con el agregado de la imagen rápida e impactante, que capta más velozmente la atención de quién ve y escucha, convirtiendo lo que muestra en algo cotidiano y natural, debido a la repetición continua. Si a esto le sumamos que la televisión es un elemento de consumo masivo, porque ha logrado difundirse y penetrar en el mercado, haciéndose de fácil y rápida adquisición, con el agregado del fácil manejo y la relación fuertemente vinculada al entretenimiento y el goce, (que constantemente buscan los televidentes, para huir un poco de la realidad, que muchas veces puede ser devastadora), todas estas cuestiones hacen que la escuela deba asumir la responsabilidad de mostrar lo que no se dice y no se ve en una imagen, para lo que todavía debe recurrir a la “cultura del libro”, como fuente de información y de comprobación de lo que se quiere enseñar: (si está en un libro es porque alguien lo escribió. Por lo tanto si está escrito cabe la posibilidad de existir”.
Lo que ocurre, es que la lectura de un texto es mucho más compleja que el análisis de una imagen. A través de un texto, el individuo tiene que tener una relación estrecha entre el significado y el significante. En cambio, con la presencia de la imagen, el individuo ya no recurre a la representación mental, porque lo que escucha tiene relación con lo que ve.
Volviendo a lo requerido en este ejercicio, la diferencia entre el lenguaje televisivo y contenido, está dada porque en lo primero, los medios de comunicación no buscan ampliar el horizonte del teleespectador, si no que por el contrario, utilizará un lenguaje común a todos los públicos y los estratos sociales y culturales, para que se pueda captar rápidamente la atención de estos. En lo segundo, los contenidos de la televisión, responden meramente a intereses comerciales, por lo que ya no se dirigirá a todos los públicos, si no que seleccionará un sector o elite para poder desarrollar y volcar en ese grupo seleccionado, el contenido creado para ese fin específico que es “vender”.

En cuanto a las implicancias de lo tratado hasta el momento, podemos decir que la televisión se apoya en los discursos de la escuela, pero bajando notablemente su calidad, de una manera muy astuta, pues en la gran mayoría de los casos, no notamos que esto ocurre a simple vista. Hace falta “saber y conocer” de lo que se habla y se muestra, no solo por lo que se vive, si no también por lo que se lee. La escuela debe asumir esta responsabilidad, conjuntamente con la aplicación de políticas educativas específicas, que ayuden a tener la libertad de elegir con inteligencia. Los niños y jóvenes tienen derecho a elegir que ver y escuchar y esto incluye también a la escuela; ya que es hora de “masificar” los contenidos de esta, brindando las herramientas necesarias para efectuar los análisis correctos de lo que nos quieren vender (ya sea un producto o una información) y lo que realmente debemos consumir. Si la escuela utiliza los discursos televisivos para mejorarlos y trabajarlos con los chicos, en algún momento se llegará a la conclusión de que no veré tal cosa porque me mienten o porque me ocultan información o simplemente porque no me aporta nada que pueda compartir con los demás. Cuando ellos pueden demostrar que saben más de los que se les está ofreciendo, entonces dejan de consumir determinado programa porque pierden el interés.

Integrantes:

Ana Ponce
Karina Benitez
Valeria Di Loreto
Natalia Rebolini
Karina Verónica Franzón